viernes, 3 de junio de 2016

Breve biografia de Luis Ortega Bru





            No cabe duda, que Luis Ortega Brú, fue el escultor imaginero mas preclaro del siglo veinte. Su estilo agresivo, personal e inconfundible, es la prueba inequívoca de su fama  en el mundo del arte, reconocido a nivel nacional.

            Nació en la localidad gaditana de San Roque el diez de Septiembre de mil novecientos dieciséis, hijo de Ángel y Carmen y de cuyo matrimonio nacieron sus hermanos Marina, Germina, Augusto y Onésimo.

            En el tejar que su padre tenía en Pasadahonda,  comenzó a conocer los recursos del barro, dejándole profunda huella de la que nace su vocación y profesión. Su forma de dibujar y de modelar a dos manos le viene de aquellos años de su infancia su gran vocación a la imaginería.

            Hombre de condición sencilla, humilde, de mirada serena y de diminuta figura, fue estudioso y muy inteligente, le gustaban los tebeos de su época, y en sus primeros juegos no le falta nunca un trozo de arcilla con la que lograba a su corta edad, ser buen dibujante y modelador de gran precisión y rapidez.

            A los doce años de edad, se inicia en el mundo de la escultura, y al cumplir sus quince años, asistía diariamente a la Escuela de Arte y Oficios de La Línea de la Concepción, traslado que efectuaba en bicicleta.

            A la edad de diecisiete años, le sorprendió la Guerra Civil Española, en la que su familia sufrió una tremenda y horrible conmoción, y que le dejó personalmente marcado para toda su vida, por la pérdida de sus padres, fusilados ambos por un delito de auxilio a la rebelión, e igualmente por la pérdida de toda la hacienda familiar. Cabe destacar, que el también fue condenado a tres años de trabajos forzados en el campo de concentración de La Almadraba en Rota, por el mismo delito que sus padres. Solo permaneció en prisión once meses y tres días, en cuyo tiempo hizo una gran amistad con Don Ignacio A. Liaño Pino, quien todas las tardes le acogía en su domicilio por permiso solicitado por el citado Sr. Liaño, y avalado por su buen comportamiento y conducta.

            Terminado este triste período de su vida, toma la decisión de marcharse a Sevilla, con unas cuántas figuras modeladas en casa de Don Ignacio, algo de ropa y unos ahorrillos que tenía.

            Y como bien dice el refrán, detrás de la gran tempestad sufrida, le vino la calma, llegándole  el primer y decisivo encargo consistente en la talla del Santísimo Cristo de las Misericordias de la Hermandad del Baratillo, como muestra de su imaginería llena de pasión indomable.

            En su andadura por Sevilla, donde aprendió y trabajó, contrajo matrimonio con Carmen León Ortega, en la Capilla de Nuestra Señora de la Piedad, de la Hermandad del barrio del Arenal, de su unión nacen sus cuatro hijos, Luis Ángel, José Onésimo, Carmen y Débora.

            No todo fue para Luis dulce miel, Con su esposa compartió sinsabores, triunfo y desprecios a su obra, en cuyas imágenes se reflejaban los rasgos y perfiles de sus hijos, que quedaron materializados para la posteridad.

            Fue una persona introvertida, de frente despejada y baja estatura, mas bien de aspecto famélico, pero sobre todo inconformista y bohemio, muy dentro de si mismo a quien costaba sacarle las palabras, observador y autodidacta, con exuberante inspiración artística y acostumbrado a decirlo todo plásticamente con la gubia y el pincel. Sus hermanas le pusieron el apodo del “místico”, ya que en sus obras se veían el misticismo propio del hombre solitario cuando esculpía.

            Hay que destacar el gran realismo impregnado en sus obras, en las que se palpaba la juventud vivida, marcada por la trágica muerte de sus progenitores, y por ello, ese afán de llevar a las mismas su propia personalidad, dando como resultado el dulzor y la amargura, siempre marcadas por un espíritu de superación. Definía a su obra como el desgarro: “Mi arte es la expresión del alma de mis amigos que han muerto luchando por un ideal. Son como sueños torturados. Expresiones no sólo de la simple imaginería, sino de la fuerza que yo siento. Los que me tachan de duro, no saben que yo no puedo vender mi arte a los que solo quieren ver reflejados muñecos bonitos”

            En 1952 le conceden el Primer Premio Nacional de Esculturas por su obra “La Piedad” y en 1953 por la realización del conjunto escultórico de la Hermandad de Santa Marta, traslado de Nuestro Señor Jesucristo al sepulcro, la encomienda de Alfonso X el Sabio, declarándose la obra de interés nacional.

            En 1955, se traslada a Madrid con toda su familia, para desempeñar el cargo de “maestro de escultura” en los talleres de Arte Granda, y en 1961 abre su propia taller en la madrileña calle de Gustavo Fernández Balbuena. Este mismo año, consigue el primer premio de escultura al aire libre del Club Urbis de Madrid. En 1965, concursa en el Primer Certamen Internacional de Escultura celebrado en Bruselas, donde obtiene una mención.

            Se traslada definitivamente a Sevilla, en 1978, donde se establece provisionalmente en los Talleres de Manuel Guzmán Bejarano.

            Para dar a conocer la dilatada vida de este insigne artista sanroqueño, necesitaríamos muchísimo mas espacio, por ello hemos centrado nuestra atención a ciertos aspectos personales, pero no nos gustaría omitir el gran legado que hizo a Rota, con Nuestro Padre Jesús de la Salud, por el que solo cobró veinticinco mil pesetas, importe de los materiales empleados para la ejecución del mismo, estipulando que el resto importe era su agradecimiento a Rota por el trato tan exquisito que recibió durante su reclusión como preso político.

            Aquella Hermandad, institución o pueblo que tenga en su patrimonio artístico religioso una imagen de este inolvidable escultor, puede decirse que es privilegiada al poseer un legado del que fue el mejor escultor contemporáneo del siglo XX.

Jose Sanchez Duran / cofrade




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