Rincon Poetico






Inmaculada, Blanca Azucena

Virgen de Amargura plena,
Hoy Inmaculada reluciente,
Cambia tu honda pena,
Por alegria  resplandeciente.

Tu Concepcion, es evidente,
Madre y Virgen,  de amor llena.
Esperanza y estrella ardiente,
Delicada y perfumada azucena.

 Madre del Cordero magnificente,
Nacido de un Amor que enajena,
En un mundo que  apena,

Que se aleja inconsciente,
De Ti, y de El, escandaiosamente,
Aceptando su triste condena

Sanchez Duran




A MI AMARGURA


La Amargura, esta inquieta.
Pronto bajara de su altar,
A sones de trompeta,
Para con sus hijos hablar.

Un año mas ha pasado,
Desde aquel encuentro,
Para mi ya okvidado,
En todo mi adentro

Madre, de Amargura plena,
Que tu proxima bajada,
Me sirva para jamas no olvidarte

Y mi alma sea limpia patena,
Y profundamente purificada,
Para ser digno de amarte.

Sanchez Duran





Si, mi Virgen del Carmen, mi Señora.
Pongo mi corazón en tu regazo

y percibo tu amor como un chispazo,

cual ráfaga de luz abrasadora.



Hoy te vuelvo a decir que eres la aurora

de mi vida interior, celeste lazo,

que aprisiona mi ser en dulce abrazo,

como arpegio de música sonora.


Llévame entre tus brazos como a un niño,
que necesita asirse de tu mano,
de tu brazo gentil, Madre querida.

Muéstrame así tu amor y tu cariño.
Me has dado con tu influjo soberano,
no sólo amor, sino también la vida.

Sanchez Duran








Canto al Jueves y Viernes Santo

Al socaire del suave viento,
De levante, bajo la luminica,
Noche del sereno Jueves Santo,
Mis Dolores, camina gozosa,
Entre la muchedumbre ansiosa,
Por verla  bajas San Cayetano,
Al son de marcha campanillera,
Con ritmo solemne y acompasado.

En la lejania, suena el lamento.,
De la ronca trompeta nazarena,
Que de Amargura esta llena,
Anunciando la salida inminente,
De un jesus con cruz penitente,
Que a hombros de sus cargadores,
En fila hacia su penoso ,Calvario,
Humilde. Vilipendiado y silente.



Madre, que en tu regazo llevas,
A todo un Rey de Reyes, yacente,
Reflejando en tu rictu amargo y  silente,
La honda pena de Madre sufriente,
Mientras la ronca trompeta nazarena,
A la puerta de tu alma doliente,
Te  llama ansiosa e insistentemente,
De parte del Dios moreno y benovolente.

Los rayos del sol en tu rostro anacarado,
Iluminan la belleza  angelical de Madre.
Sufriente y profundamente dolorida,
Al contemplar a su divino Hijo, yacente,
Que por una ambiciosa humanidad,
Se entrego humilde a muerte de Cruz,
A cambio de un mundo tan indolente,
De tanto y tanto pecar consciente.

Y en la tarde del Viernes Santo, mi Cristo,
Yace como dormido en el leño de la cruz,
Convirtiendo su muerte en intensa luz,
Emanada de su divino y precioso costado,
Mientras las devotas golondrinas extraen,
De su corona de espinas, el dolor causado,
De un Rey incomprendido y maltratado,
Por la turba imberba, gozosa en su pecado.



Maria, transida de Dolor, Angustia y Amargura,
Al pie de la Cruz en su Soledad, espera, silente,
Bajen de la Cruz el cuerpo de su Hijo amado,
que delicadamente amortajado y perfumado,
al sepulcro encaminan su cuerpo destrozado,
por la barbarie de un mundo atormentado,
por forjar toda su pobra vida, en el pecado,
lejos del consejo de un Cristo Resucitado.

Sanchez Duran







EN MI SOLEDAD TU ESTAS


Como, solitaria caracola,
A orillas de tu salado mar,
Bajo el celeste y azul cielo,
Brillante cual acrisolado sol,
Entre espumas y burbujas,
Que te cantan tus grandezas.
¡Oh, María!
Inmacula y Carmelitana,
Reina de mis sentires,
De mis desvelos, el consuelo.
De mis inquietudes, el sosiego,
Como bálsamo embriagador,
Confortando mi navegar,
Por este océano de la vida,
Con el viento y soplo amoroso,
De tu dulzura sin par,
Conduciendo mi torpe verbo,
Frágil barquilla en altamar,
Hasta el infinito horizonte,
Que jamás pude soñar,
Para atracar, en Tu puerto,
Seguro, donde pueda encontrar,
Al Amor de mis amores,
A quien hoy deseo cantar.
Y aquí, me encuentro, Señora,
Ante Ti, en la carmachicha,
De tu salado e inmenso mar,
Al son del choque de las olas,
Que calladas, en mis amuras,
La acarician sin cesar,
Adormeciendo mis sentires,
Como bálsamo sin igual,
Y la musa de mis versos,
Que en ramillete de mil colores
A tus divinas plantas,
Se postrarán.
Gracias, mi Señora, Reina del Mar.
Consuelo del desvalido,
Que a tus plantas se postrará,
Pidiendo tu Gracia y consuelo,
En la deriva de su navegar,
Sentirse vocero de una Madre,
De belleza tan sin igual,
Es algo tan placentero,
Imposible de olvidar,
Por su sabor a cielo,
Y su calor tan maternal,
Salido de su pecho virginal.
Si, mi Virgen del Carmen, mi Señora.
Pongo mi corazón en tu regazo
y percibo tu amor como un chispazo,
cual ráfaga de luz abrasadora.
Hoy te vuelvo a decir que eres la aurora
de mi vida interior, celeste lazo,
que aprisiona mi ser en dulce abrazo,
como arpegio de música sonora.
Llévame entre tus brazos como a un niño,
que necesita asirse de tu mano,de tu brazo gentil, Madre querida.
Muéstrame así tu amor y tu cariño.
Me has dado con tu influjo soberano,
no sólo amor, sino también la vida.

Sanchez Duran










BAJO TU MANTO CARMELITANO

Todo un ayer y un hoy
Bajo tu manto Señora,
Del que en Ti confía,
  Como madre te implora,
Y como norte y guía,
Sigue tu huella,
En la espuma de tu mar,
Y el sonido de tus olas
Que en la barquilla,
Chocan sin cesar
En suaves caricias
Que nos hacen despertar,
Del profundo sueño,
En alborada de altamar,
Y aquel Gallo o Abanico
        Con viento de levante en popa,
A Rota los hacia atracar,
Después del venturoso navegar,
Llevando las haciendas,
Del mayeto ejemplar,
Calabazas, tomates y melones,
Salidos de los arenales,
De nuestros huertos sin par.


Sanchez Duran







PLEGARIA A TUS DOLORES


En mi memoria fluyen,
Tantos recuerdos de ayer,
Imposible de olvidarlos,
Con ellos comprometidos,
De darlos a conocer,
Por ser parte de la historia,
De mi Rota, y de mi ser,
 Testigo que quiere reverdecer,
Un pasado vivido y un después,
Con sus lagunas y reboces,
Carencias y abundancias,
Pero siempre felices.
Y tu Madre mía, siempre ahí,
Vigilante de tus hijos,
Sin importarte sus condiciones,
De verdades y sinrazones
Dispuesta a la ayuda y perdón,
Pues es tan grande tu corazón,
Que en el caben nuestras deudas
Sin importarte la condición
De una vida pérfida y volátil,
Amante de lo imposible,
Y de lo que no debe ser,
Aferrados a la contracorriente,
Ciegos que no quieren ver,
El camino de tu Hijo,
Que trazo su recorrido,
Para alcanzar su Cielo,
Y allí, con celestial consuelo,
Gozar de ese paraíso,
Prometido eternamente para vivir en paz,
Quizás,sin avisar,dará la hora;
 una hora que es siempre inoportuna.
 Todas ellas nos hieren. Sólo una
 viene a matarnos y esta tal señora
 es la muerte final, sin duda alguna.
 Hay que estar vigilante y preparado.
 La muerte llega aprisa y sin aviso,
 en un soplo.¡Qué duro compromiso,
 sin posible elección! Triste legado,
 que tienes que aceptarlo de improviso.
 Por eso, mi Señor, en este trance
 de triste perspectiva y duros trazos,
 cuando la vida salta en mil pedazos,
 que tu misericordia nos alcance
 y que pueda morir entre tus brazos.
 Y vos, María, Virgen del Carmelo,
 Madre del Redentor, y Madre mía
 Ayúdame en mi última agonía
 y en hora tan crucial, sé mi consuelo
 y en tu regazo, llévame hasta el Cielo.

Sanchez Duran



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MI SUEÑO DE ESPERANZA



Eres, en la mañana de mi despertar,
La luminosa Estrella mañanera,
Que llega para alumbrar,
La Esperanza que en Ti espera.

Esperanza, lucero del cielo de tul.
De belleza sin comparar,
Como son tus ojos, color azul,
Que en tu gloria, me hacen soñar.

Yo, quisiera, Esperanza nuestra,
En tu regazo, poder descansar,
Al calor que tu corazon amuestra,

Y merecer tu amor alcanzar,
Gloria, que me hiciste soñar,
Y eternamente vivir a  tu diestra.

Sanchez Duran

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          A LA GENTE de ABAJO


              Costalero, costalero,
            Llévala con cariño.
            Con mimo y esmero,
            Meciéndola como a un niño.

            Costalero, costalero,
            Que no se mueva un varal,
            Del palio pinturero
            De mi madre celestial.

            ¡Poco a poco, con cuidao!
            Que en tus hombros jornaleros,
            Y con paso rastrilleao,

            Llevas lo que mas quiero,
           A mi Amor verdadero
            Y a ti. Te lo he confiao.

           Sanchez Duran

            





Cargadores de la Isla
mecedla con suavidad,
que lleváis sobre los hombros
a la Reina de la Mar!

Cargadores de la Isla:
ésa que vais a sacar
es la Virgen marinera,
que huele a marisco y sal;

la que llamaban Señora
y Capitana, al rezar,
los abuelos que tenían
claras almas de cristal
bajo la recia envoltura
de sus capotes de mar;

la que apacienta las olas
los días de tempestad;

la que esta tarde de julio
el crepúsculo honrará
colgando nubes de grana
por los balcones del mar.

Yo la vi que estaba triste
la Señora, en el altar.
Su rostro llenaba el lirio
de una palidez mortal.

—¿Qué te pasa, mi Señora,
Capitana de la mar,
que más que Virgen del Carmen,
pareces de la Piedad?

—Tres años hace, tres años,
que me estoy sin ver la mar,
sin oler las algas verdes
y sin ver la claridad.
¡Mis hijos, los de la Isla,
ya no me quieren sacar!

—No lloréis, Señora mía,
que dice un viejo refrán
que la fortuna y el sol
igual vuelven que se van.

¡Cargadores de la Isla,
marineros de la mar!:

La Señora estaba triste:
si la queréis consolar,
cuando la saquéis, mecedla
de esa manera especial,
hecha de tango y ternura
y de vaivenes de mar,
como se mecen los santos
desde los Puertos a acá,
¡como no saben mecerlos
en ninguna parte más!

Tú, cargador, que no sabes
rezar la Salve, quizás:
si cuando lo saques, meces
el paso con buen compás,
aunque no sepas la Salve,
Dios te lo perdonará...
¡que mecer así a la Virgen,
ya es un modo de rezar

¡Oh Virgen María

del Monte Carmelo:
que hasta tus oídos 
llegue mi oración!
Hoy sube a mis labios
el divino anhelo
de poder brindarte
mi humilde canción.

¡Oh virgen del Carmen,
mi madre querida,
muy arrepentido
te pido perdón!
Y te ofrezco,madre,
a tus pies rendido
mi alma, mi vida 
y mi corazón.



(José María Peman)




Si, mi Virgen del Carmen, mi Señora.
Pongo mi corazón en tu regazo

y percibo tu amor como un chispazo,
cual ráfaga de luz abrasadora.

Hoy te vuelvo a decir que eres la aurora
de mi vida interior, celeste lazo,
que aprisiona mi ser en dulce abrazo,
como arpegio de música sonora.

Llévame entre tus brazos como a un niño,
que necesita asirse de tu mano,
de tu brazo gentil, Madre querida.

Muéstrame así tu amor y tu cariño.
Me has dado con tu influjo soberano,
no sólo amor, sino también la vida.

Sanchez Duran






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